San Rafael, Mendoza 22 de junio de 2024

La vuelta de la uva criolla: el rescate del vino que tomaban los próceres

La vuelta de la uva criolla: el rescate del vino que tomaban los próceresAlgunas bodegas están elaborando tintos y blancos con esta cepa que llegó de España con los conquistadores. La vuelta de la uva criolla: varias bodegas están elaborando tintos y blancos con esta cepa histórica.

El título de esta nota es tramposo, sí. El vino nacional que tomaban los próceres argentinos se producía en estas tierras en condiciones muy diferentes a las actuales. Pero la referencia es inevitable: mucho antes del arribo de las uvas francesas como el côt (que dio origen a nuestro malbec) o el mundialmente imbatible cabernet sauvignon, los paladares de nuestros antepasados saboreaban tintos y blancos elaborados a base de listán prieto, una uva de origen español que desembarcó -literalmente, por entonces- entre los siglos XVI y XVII de la mano de los conquistadores. A partir de ella surgieron las llamadas variedades “criollas”, descendientes de aquella europea y desarrolladas en cultivos que se fueron mezclando en las parcelas a lo largo de casi cinco siglos.

La vuelta de la uva criolla: el rescate del vino que tomaban los próceres

Vallisto Extremo Criolla 2017, un tinto hecho en Catamarca por los enólogos Pancho Lavaque y Marcelo Pelleritti.

Pero los vaivenes de la historia llevaron a la criolla por mal camino. Se la olvidó durante décadas en las que, con el progreso y la sofisticación de la vitivinicultura local, quedó estigmatizada como una semilla que sólo podía dar como resultado bebidas de muy baja calidad.

Hoy son varios los enólogos los que quieren reivindicar la criolla. En algunos viñedos de Mendoza, Salta, San Juan, Catamarca y Tucumán -y también del otro lado de la cordillera, en Chile-, soplan vientos de cambio. Y aquella uva bastarda está generando botellas que captan la atención de afamados críticos y sommeliers internacionales.

“Esta es la nueva Argentina. Amo este blanco loco”, ponderó el inglés Tim Atkin cuando degustó Be my Hippie Love, hecho por Ernesto Catena en Mendoza y presentado como “un vino para divertirse, soñar y que te devuelve a un tiempo cuando la elaboración era artesanal y usábamos la fuerza de nuestras piernas para aplastar la uva”.

Patricio Tapia, periodista y crítico chileno que suele dar seminarios sobre el tema, explica así la evolución de la cepa, también conocida como “país” del otro lado de los Andes: “Fue la base de los vinos sudamericanos hasta bien entrado el siglo XIX, pero con la modernidad, el establishment enológico comenzó a ignorarla. En los 90 se decía que era una uva de tercera clase, imposible de equiparar a la alcurnia o la elegancia del cabernet sauvignon, del malbec, del carmener. Por eso hasta hace cinco años intentar hacer un buen vino con criolla hubiera sido motivo de burla. Pero hoy tengo la sensación de que es una variedad que está ganando terreno”.

La vuelta de la uva criolla: el rescate del vino que tomaban los próceres

Cara Sur Criolla 2016, hecho en el Valle de Calingasta, San Juan, obtuvo 91 puntos del crítico Robert Parker y 92 de Tim Atkin.

Coincide con él el sommelier catalán Josep Roca, que en su reciente visita a Buenos Aires elogió el proyecto de Cara Sur, desarrollado por los enólogos Pancho Bugallo y Sebastián Zuccardi en Barreal, una pequeña locadlidad ubicada en el valle sanjuanino de Calingasta. “De lo que probé, fue lo que más me gustó”, le dijo Roca a Clarín, y agregó: “Creo que hay un mundo fantástico de posibilidades con esta uva, hay un reto aquí. Son vinos fáciles de beber, frescos, alegres, que promueven el trabajo de la gente de campo y muestran con orgullo un legado histórico”.

Según un informe del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) publicado en julio de este año, actualmente un 33 % (unas 74 mil hectáreas) de la superficie cultivada con vid en Argentina corresponde a 28 variantes de criolla, parientes lejanas de las listán prieto y moscatel de Alejandría, esta última de origen griego, traída a América por los misioneros jesuitas. El mismo informe resalta cerca que allí hay un “elevado potencial enológico”, debido a su perfil aromático y acidez.

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Distinto es el caso de la bodega El Esteco, en el Valle de Cafayate, Salta, que incluyó su Old Vines Criolla 2015 en su línea premium. “Son vinos sedosos que en boca van a sentir que perduran”, describe el enólogo Alejandro Pepa. “Adónde vamos a llegar sigue siendo un interrogante, hay que ver cómo van a seguir madurando. No esperamos que el consumo de la criolla sea una explosión, pero sí que mantenga calidad y sea un reconocimiento a nuestros abuelos. Es un trabajo continuo de mejorar detalles y seguir creciendo”.

Cara Sur Criolla 2016 (Valle de Calingasta, San Juan)

Cara Sur es un proyecto del enólogo Pancho Bugallo y su esposa, Nuria Añó, asociados con Sebastián Zuccardi. Aquí trabajaron con la variedad criolla chica de un parral de más de 80 años. El crítico Robert Parker le dio 91 puntos y Tim Atkin, 92. Precio sugerido: $ 390.

Be my Hippie Love (Valle de Uco, Mendoza)

Dentro de su línea Animal de viñedos orgánicos, Ernesto Catena lanzó este año este blanco de tonalidad amarillenta elaborado totalmente con uva criolla y con crianza de 10 meses en barrica. Viene en botella de medio litro con tapa “corona”, como las de cerveza. Una rareza. Precio sugerido: $ 175.

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Vallisto Extremo Criolla 2017 (Valle Calchaquí, Catamarca)

El enólogo Pancho Lavaque trabajó con sus colegas Marcelo Pelleriti y Hugh Ryman para rescatar un viñedo plantado en 1898 en Hualfin, C

atamarca, a 2.600 metros. El resultado: un tinto rojizo y brillante que sale al mercado para acompañar platos livianos en primavera y verano. Precio sugerido: $ 288.

El Esteco Old Vines Criolla 2015 (Valle de Cafayate, Salta)

El enólogo Alejandro Pepa encontró vides de criolla entremezcladas con las de torrontés en una antigua finca y las trabajó para generar este rosado intenso y frutado. Se produjeron 3.000 botellas a las que le auguran un potencial de guarda de 7 años. Precio sugerido: $ 520.

Vía Revolucionaria Criolla Grande 2016 (Valle de Uco, Mendoza)

Una creación del inquieto Matías Michelini y su proyecto Passionate Wine. Elaborado 100% con la variedad grande en Tupungato, es un vino fresco, sencillo, sin paso por madera y de baja graduación alcohólica (10,5%). Precio sugerido: $ 190.

Sumak Kawsay Criolla 2015 (Amaicha del Valle, Tucumán)

El enólogo Agustín Lanús dirige este proyecto de la comunidad diaguita Los Amaichas, que trabaja con plantas ancestrales ubicadas en los jardines de las familias. En estos suelos pedregosos de altura (entre 1.900 y 2.300 metros), surge un varietal seco de color rojo intenso. Precio sugerido: $ 300.

Fuente:https://www.clarin.com/sociedad/vinos-uva-criolla-elesteco-catena_0_SkptN_Tn-.html

 

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