San Rafael, Mendoza viernes 30 de octubre de 2020

Yachting desde adentro, el viento que todo empuja

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“Más allá de tomar todo con el profesionalismo correspondiente, aprovechamos la competencia para hacer todo el ritual completo. En este caso salimos de Buenos Aires los cuatro con el trailer el miércoles a la mañana y acá alquilamos una casa en Las Vegas. La idea es comer un asadito esta noche, si quedan energías. Es todo parte de la diversión y esto (por la competencia en sí) termina siendo la excusa perfecta para disfrutar”.

Es viernes por la tarde y luego de la primera regata preparatoria en el lago Potrerillos -en la que aprovecharon para conocer “la cancha” (entiéndase: cada uno de los sectores del espejo de agua y las mañas del viento)-; Hernán Cubría (52), Javier Donzelli (50), Juan Tesone (26) y Nicolás Gorelik (25) se acomodan distendidos y relajados en la cubierta de su velero J24, bautizado “Exnobis”.

La tripulación, oriunda de Buenos Aires, integra la flota que lleva por nombre su provincia de destino y viajaron a Mendoza este fin de semana para participar del Campeonato del Oeste de yachting (ver Más Deportes). Y aprovechando que la primera jornada fue justamente preparatoria y para familiarizarse con el lugar, quien suscribe pudo convertirse en el quinto tripulante gracias a una iniciativa de la organización y de la Subsecretaría de Deportes. Para esto fue fundamental también la constante buena onda y predisposición de los bonaerenses.

“Es la primera vez que navegamos en Potrerillos. Tiene viento fuerte y constante, es algo inexplicable que ya nos habían comentado. Ahora, es un lago increíble. ¡Mirá lo que es el color del agua!, Idéntico al Río de la Plata”, reflexionan para dar lugar a las carcajadas que despierta esa última ironía.

Viento en popa

“Javo” trabaja en una comercializadora de gas natural y es el dueño del J24. Hernán es ingeniero agrónomo y es su timonel, mientras que Juan y Nico -los veinteañeros de la tripulación- son arquitectos navales recién recibidos. Hace un año y medio navegan como equipo, pero entre los dos más grandes el vínculo data de toda la vida.

“Desde los 14 años hago windsurf y hace 3 años salió la idea de comprar el barco. Con Hernán fuimos compañeros de escuela y él siempre navegó, por lo que me dijo que si yo compraba un ‘J’, él iba a ser el timonel. ¡Y acá estamos!”, resumió Donzelli.

Pasadas las tres de la tarde del viernes, el “Exnobis” y los otros 24 veleros ya se encuentran inmersos en el lago. Es muy probable que las tres embarcaciones mendocinas que participan del campeonato y algunas otras que ya conocían Potrerillos cuenten con cierta información previa, pero para los cuatro jinetes del viento -a quienes acompaño- el espejo de agua es un inmenso signo de interrogación. Y yo sólo puedo aportar datos históricos, como que por ejemplo estamos navegando sobre la vieja villa de Potrerillos, o que cerca de paredón hace un año cayó un helicóptero que nunca pudieron retirar del embalse.

La primera incursión aguas adentro es de reconocimiento, el bote avanza por el agua en la medida en que las velas van flameando según como las van guiando desde el timón. Permanentemente, la tripulación se mueve y se desliza de un lado al otro de la nave. Cuando Hernán grita “¡giro!”, es el momento de agacharse para que el parante que sostiene la vela en la base -guiado por Cubría- cambie de lado bruscamente. “¡Mirá cómo está la veleta!. Nunca había visto una cosa así”, casi que grita sonriendo el dueño del barco con la mirada en alto. Y la flecha que indica la dirección en que sopla el viento gira descontroladamente en círculos. “Eso significa que hay viento de todos lados”, me explican.

El primer recorrido, ese que nos permitió hasta una licencia para recuperar la gorra del timonel que se voló y quedó flotando en la superficie, llega a su fin y es el momento de las conclusiones. “En el medio casi no hay viento”, larga uno recordando las mil y una maniobras a las que tuvieron que recurrir para salir de esos pozos. “Si nos vamos más por la costa, hay más viento. Pero no hay que ir muy pegados a la montaña, porque lo tapa”, acota otro.

El cielo que hasta ese momento estaba despejado y hacía que la foto fuese digna de una postal empieza a nublarse, y eso significa que habrá más viento. Justo en el momento en que hay que volver a las posiciones para la regata propiamente dicha. Señal de partida y, dentro de lo poco que entiendo, siento que salimos entre los primeros. Las maniobras son exactas, justas, a tal punto de que siento que en cualquier momento vamos a chocar con otro ‘J’. Y no sólo que nunca chocamos, sino que la Flota Buenos Aires parece tener en claro que ni siquiera estuvimos cerca de ello.

“Esto es pura diversión, desconectarse un rato y cagarse (sic) de la risa. Hemos hecho amigos con el yachting y hemos viajado juntos a Córdoba y a otros lados. Por ahí durante la fragata pueden escucharse algunas discusiones, pero después estamos todos juntos abajo tomando una cerveza”, cierra Javo.

Y minutos más tarde así estamos, todos juntos abajo y tomando esa cerveza. Ellos pensando en el rafting que harán esa noche y en la regata de ayer, yo pensando en cómo escribiré esta nota y en que, como canta La Renga, “el viento todo empuja”.

Fuente: http://losandes.com.ar/article/yachting-desde-adentro-el-viento-que-todo-empuja

 

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