San Rafael, Mendoza miércoles 21 de octubre de 2020

“La sociedad ha creado más datos en dos años que en toda la historia”

Harriet Green prueba un dispositivo inteligente de Bragi en un evento en Alemania a finales de 2016.IBM abre en Múnich su centro de Internet de las cosas, un inmenso ‘coworking’ para diseñar la inteligencia del futuro. Su responsable defiende los límites en el manejo de información personal

Harriet Green dirige la división de Internet de las Cosas de IBM pero también es una mujer que no entiende por qué la gente, y en especial sus hijos, se empeña en colgar fotos en las redes de todas sus comidas. Lo que tiene muy claro es que todas esas imágenes son información valiosa. «La sociedad ha generado más datos en dos años que en toda la historia», asegura. Sentencia su afirmación con un mantra más que aprendido en la industria tecnológica: «Los datos son el nuevo petróleo». 

La sede de Watson IoT, en Múnich.
La sede de Watson IoT, en Múnich. Esta ejecutiva, acostumbrada a dirigir transiciones en grandes empresas, se encuentra en Múnich para presentar un gran proyecto de su compañía: la sede central de la multinacional de su división de Internet de las cosas. Un imponente edificio de 30 plantas en el que un millar de empleados de IBM compartirán espacio con los de sus empresas socias para aplicar la tecnología de Watson, su sistema de computación inteligente, a sus diferentes necesidades. «Tenemos un punto de vista y es que ha dado comienzo la era cognitiva», afirma Green.
Watson es un programa que almacena información en distintas nubes y que permite a diferentes dispositivos acceder a todo tipo de información, interactuar con los humanos y aprender los datos que estos les aportan. De este modo venció a los dos mejores participantes de Jeopardy, un famoso concurso de la televisión estadounidense. Esa fue la carta de presentación del nuevo producto en el que IBM se ha volcado. Green defiende esta apuesta: «La capacidad de conectar cosas con cosas y a las personas con las cosas no la inventamos nosotros, nos estamos aprovechando de ella».

La empresa lucha contra las reticencias de la sociedad al uso que las empresas hagan de la inmensa cantidad de datos a los que tienen acceso. «El temor es perfectamente entendible y sobre todo en las generaciones más jóvenes, pero sabemos los datos personales son el ADN de cada individuo y por eso los protegemos con los sistemas más avanzados de seguridad». Aseguran además que sus investigadores tienen muy claros los límites a la hora de aplicar la inteligencia cognitiva.

Alessandro Curoni dirige el equipo de IBM Research, y especifica los tres principios con los que se rigen (a lo Isaac Asimov): «El primero es que cuando utilizamos la inteligencia artificial, lo hacemos para alcanzar un objetivo concreto; el segundo es que diseñamos máquinas para ayudar a la gente y no sustituirla; y el tercero es que si solicitamos datos para un uso en concreto, no los reutilizamos para otro». Pese a todo su convencimiento, no consiguen apagar las dudas, ya que las leyes van por detrás de la tecnología y casi todas las normas éticas y legales son, en realidad, medidas de autocontrol. Curioni se justifica con vehemencia: «No nos hacen falta leyes para autoimponernos este tipo de normas, nosotros ya contemplamos en nuestros protocolos todas estas medidas de seguridad. Tenemos muy claro que si tenemos tus datos de una biopsia para nuestra base de datos oncológica no vamos a vendérselos a una aseguradora».

La sobresaturada agenda de Harriet Green probablemente no le permita pararse a ver series, pero algunas, comoBlack Mirror, pueden ser un ejemplo de por qué a la sociedad le asusta tanto lo que las máquinas son capaces de hacer. El vicepresidente de la plataforma de Watson del Internet de las Cosas, Bret Greenstein, sentado a su lado, le explica: «Es una serie alucinante. Muestra la tecnología que está a punto de llegar y los problemas éticos que representa, como un capítulo en el que se mostraban unas lentillas con las que podías volver a ver cualquier momento de tu pasado». Green asiente y asegura: «Claro que pensamos en los efectos que puede tener este tipo de tecnología, pero ese miedo es el mismo que cuando nació internet y todos pensaban que toda su información iba a estar online y cualquiera iba a poder acceder a ella».

Fuente: http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2017/02/20/actualidad/1487611734_009476.html

 

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