San Rafael, Mendoza viernes 18 de octubre de 2019

Premio Nobel de Física para el primer exoplaneta y el estudio de los misterios del cosmos

 James Peebles, Michael Mayor y Didier Queloz REAL ACADEMIA DE LAS CIENCIAS DE SUECIA

El cosmólogo James Peebles y los astrofísicos Michel Mayor y Didier Queloz han sido premiados por sus estudios “para entender la evolución del universo y el lugar que la Tierra ocupa en él”

El cosmólogo estadounidense de origen canadiense James Peebles y los astrofísicos suizos Michel Mayor y Didier Queloz, padres del campo de los exoplanetas, han sido galardonados este martes con el Premio Nobel de Física que concede la Real Academia de las Ciencias de Suecia.

Al elegir a estos tres científicos, la institución sueca ha querido reconocer “sus contribuciones para entender la evolución del universo y el lugar que la Tierra ocupa en el cosmos”. “Este premio es sencillamente extraordinario”, han declarado los científicos suizos, tras conocer la noticia.

Peebles (1935), investigador de la Universidad de Princeton, ha recibido la mitad del premio Nobel por sus descubrimientos teóricos en cosmología mientras que la otra mitad la comparten Mayor (1942) y Queloz (1966), de la Universidad de Ginebra, por el hallazgo del primer exoplaneta orbitando una estrella similar al Sol, un hallazgo que, según ha destacado el jurado, ha cambiado nuestro conocimiento sobre el universo.

Michel Mayor y Didier Queloz inauguraron el campo de los exoplanetas, un área que se ha convertido en una de las más activas y fascinantes de la astrofísica. El 6 de octubre de 1995 revolucionaron a la comunidad científica al anunciar el descubrimiento del primer mundo fuera de nuestro sistema solar, 51 Pegasi b, que orbitaba una estrella parecida al Sol, 51 Pegasi. “Nadie sabía hasta entonces si los exoplanetas existían o no. Muchos astrónomos prestigiosos los buscaban en vano desde hacía muchos años”, ha recordado Mayor durante su intervención en el acto en el que se ha anunciado el premio.

Desde 1995 se han descubierto alrededor de 4.000 mundos fuera del Sistema Solar con características muy diversas. El principal objetivo es encontrar un planeta parecido al nuestro capaz de albergar algún tipo de vida.

Michel Mayor (derecha) y Didier Queloz (L), en una imagen de archivo.LAURENT GILLIERON

Tras conocer que el Premio Nobel ha sido para sus colegas Mayor y Queloz, Guillem Anglada Escudé, experto en exoplanetas y descubridor del planeta Proxima b, el más próximo a la Tierra, admite que ha recibido la noticia “con sorpresa, después de tanto tiempo”.

Y es que el científico del Instituto de Ciencias del Espacio, en Barcelona, considera que el reconocimiento a los suizos ha tardado demasiado: “Hay que tener en cuenta que, aparte de lo emocionante que es descubrir nuevos mundos, muchas misiones medianas y pequeñas, así como los grandes proyectos de instrumentación en astronomía están dedicados a los exoplanetas”, comenta a este diario. “El Premio Nobel se da no sólo por lo espectacular, sino por las consecuencias que vinieron después. Han tardado bastante, aunque tiene sentido que no fuera un reconocimiento inmediato”, apunta.

También el director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN), Rafael Bachiller, considera “que el Nobel para Mayor y Queloz podría haberse otorgado hace años”.

“Este premio a Mayor y Queloz me hace particularmente feliz pues viene a reconocer el valor de la ciencia modesta, la que realizan de hecho muchos investigadores en sus laboratorios y pequeños departamentos universitarios, lejos de los focos y de las grandes colaboraciones internacionales, movidos por su curiosidad y por el deseo de comprender los pequeños detalles”, dice Bachiller, que por otra parte considera “muy sorprendente” que la Academia sueca haya combinado este año un cosmólogo teórico con dos astrónomos observadores.

Como rememora el astrónomo, el descubrimiento del primer exoplaneta se realizó con un telescopio ya demodé desde un pequeño observatorio en Provenza. Con el tiempo, esto ha dado lugar a mucha Gran Ciencia, de ésa con mayúsculas, que es lo que está más de moda y más presente en los medios: telescopios e instrumentos de altísima tecnología dedicados exclusivamente a buscar exoplanetas e incluso varios proyectos espaciales”.

Michel Mayor ganó en 2004 la Medalla Albert Einstein y al año siguiente el premio Shaw de astronomía. En 2012 compartió junto a Didier Queloz el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ciencias Básicas.

UN MISTERIO PARA LA FÍSICA

Por su parte, James Peebles, que ocupa la cátedra emérita de Ciencia Albert Einstein de la Universidad de Princeton, desarrolló a lo largo de dos décadas de trabajo un marco teórico para la comprensión de los miles de millones de galaxias y cúmulos de galaxias de forman el cosmos, y que hoy es el fundamento de nuestra comprensión del nacimiento y la evolución del universo, desde el Big Bang hasta nuestros días.

Para el investigador Guillermo Mena, del Instituto de la Estructura de la Materia del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el premio es tan “merecido” como “sorprendente por el tiempo transcurrido”. “Peebles no sólo ha sido influyente, sino uno de los responsables de que hablemos de la cosmología como una ciencia moderna con todo rango de precisión”.

James Peebles, dando una conferencia en Princeton.

Curiosamente, dos científicos estadounidenses, Arno Penzias y Robert Wilson, ya habían recibido en 1978 el Nobel de Física por descubrir de manera observacional la radiación de fondo. Una radiación que nadie sabía lo que era hasta que Peebles postuló que provenía de los orígenes del cosmos y que, desde entonces, se venía expandiendo y enfriando, hasta formar ahora “un baño muy frío en el que nos desenvolvemos”, en palabras de Mena.

Es decir, el reconocimiento del Nobel a la parte téorica ha llegado 41 años después de que el hallazgo observacional fuera galardonado. “Suele ser más difícil que se reconozca una labor puramente teórica”, apunta Mena.

Entre 1971 y 1993, James Peebles escribió tres libros que se han convertido en referentes en el estudio de la cosmología. Tras indagar en esta radiación de fondo procedente de los primeros tiempos del universo, y gracias a unas herramientas teóricas y estadísticas que él mismo desarrolló, Peebles contribuyó a entender, a partir de los años 60, procesos físicos hasta entonces desconocidos.

Sus resultados han permitido comprender mejor un cosmos en el que hoy sabemos que la materia conocida, la que forma las estrellas, los planetas, los árboles o a nosotros mismos, representa sólo el 5% del total. El 95% restante son la materia y la energía oscuras.”Esto es un misterio, y un desafío para la Física moderna”, destaca la Academia de Ciencias Sueca.

“TODO VIENE DE LO MISMO”

“La idea esencial es que todo viene de lo mismo”, explica Mena. Al principio, en el universo sólo había pequeñas fluctuaciones o diferencias entre un sitio y otro. Cuando los componentes del cosmos se separan, cada uno sigue su propia historia evolutiva. “Pero, si somos capaces de rebobinar la película, podremos ver cómo ocurrió todo”. Por ello el trabajo de Peebles abarca tanto: las mismas fluctuaciones que se observan en la radiación de fondo, son las que permitieron que se formaran las galaxias y, en última instancia, nosotros mismos.

Otra de las revoluciones que introdujo Peebles en la Física fue la recuperación, en 1984, de un concepto entonces olvidado, y que ya había teorizado en su día en propio Einstein: la constante universal. La reintrodución de esta constante, unida a la idea de materia oscura, permitió asomarse a misterios del cosmos que aún hoy ocupan a los especialistas de todo el mundo.

“Peebles ha realizado grandes contribuciones a distintos aspectos de la cosmología, formalizando la teoría del Big Bang y explicando la formación de estructuras a muy gran escala en el universo. En mi opinión, y para decirlo brevemente, su mayor valor consiste en haber sido uno de los principales forjadores de la cosmología como ciencia de alta precisión”, opina Rafael Bachiller.

LA SEMANA DE LOS NOBEL

El lunes, el Nobel Medicina recayó en los estadounidenses William G. Kaelin y Gregg L. Semenza, así como en el británico Peter J. Ratcliffe, por sus estudios sobre la relación de las células con el oxígeno, que han permitido desarrollar nuevas estrategias para combatir la anemia y el cáncer.

Los Nobel serán entregados en Suecia el próximo 10 de diciembre, aniversario de la muerte de su fundador, Alfred Nobel.

Fuente:https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2019/10/08/5d9c5dcb21efa0260d8b463b.html

 

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