San Rafael, Mendoza sábado 21 de septiembre de 2019

Diputado por casualidad – Por:.Beatriz Genchi

Se postuló en broma y ganó. Enrique Badessich, extravagante poeta, fue electo diputado provincial por Córdoba por el Partido Bromo Sódico Independiente, algo que había comenzado como un chiste y que dejó al descubierto el descreimiento popular hacia la clase política.

Para unos era “un tiro al aire”, para otros un bohemio, aunque hubo quienes lo miraban con el recelo típico del que está frente a un simple avivado, un oportunista que busca notoriedad. De todas formas, el tucumano Enrique Badessich, un ex telegrafista del Ejército y empleado en un puñado de trabajos efímeros, que ofrecía al electorado una insólita plataforma electoral.

Ese año (1921) se realizarían las elecciones a gobernador para el período 1922-1925. El partido fuerte, el Demócrata, llevaba a Julio Argentino Roca (h) como candidato. Este “loco lindo”, como algunos de sus parientes lejanos lo definieron, había nacido en Tucumán el 14 de enero de 1896. Y cuando aún era un niño, toda la familia se radicaría en Córdoba, debido a problemas de salud del joven Enrique. Luego de un largo batallar por convencer a sus padres, entró en el Ejército, y fue asignado a la Compañía de Telegrafistas. Badessich era un excéntrico, pertenecía a una familia de artistas e intelectuales. Sus ideas iban a contramano de los usos y costumbres de la sociedad de comienzos del Siglo 20. Tenía 26 años cuando, estudiantes y algunos profesores de la Facultad de Medicina de Córdoba, junto a algunos intelectuales, lanzaron para las elecciones de 1921, el partido Bromo Sódico Independiente, y no tuvieron mejor idea que postular a un viejo conocido, Badessich como candidato a diputado provincial.

Más allá de promover el amor libre, bregaba por la separación de la Iglesia del Estado y por la supresión del Ejército, al que consideraba anacrónico y antisocial. Proponía acortar las sotanas de los sacerdotes y con el sobrante de la tela confeccionar ropa para los niños humildes. Y abogaba por la supresión de las esquinas, a fin de evitar los accidentes de tránsito. Además, adelantó que presentaría un proyecto para fundar la República Cordobesa, independiente de la Argentina. Fue imposible que pasase desapercibido: aparecía vestido con un traje de papel, botones de vidrio, corbata voladora y un sombrero de enormes alas. En un intento por demostrar que el hábito no hacía al monje, decía que “un hombre fuerte debe ignorar el ridículo”.

El periodismo de aquella época contaba que “Badessich hizo campaña de varios meses seria y eficaz. Si no pegó carteles, dio 300 conferencias en cambio, lo que era sin duda más económico y más elocuente que el papel impreso” lo describían en Caras y Caretas.
Debido a la abstención del radicalismo y de otros partidos, sólo el 17,59% del padrón votó, de los cuales el 16% lo hizo por los conservadores. Y para sorpresa de muchos, Badessich se impuso por 716 votos contra los 694 del católico Manuel Maciel. Y resultó electo como diputado por la minoría. La pregunta que se hizo la clase política fue: “¿Qué hacemos con este loco? ¿Debía ocupar la banca?” Badessich se había atrincherado en la legislatura provincial a la espera de los resultados, ya que las fuerzas del orden lo esperaban en la puerta para detenerlo. De todas maneras, su diploma fue rechazado. En junio de 1922, se defendía ante un periodista. “Mi elección es pura. Mi campaña electoral no adolece de ningún vicio. He dado 300 conferencias. ¿Para qué más engrudo y para qué más programas?” La cámara anula la elección por “decoro”.  “Sólo mi franqueza me ha sido perjudicial. O tal vez mi inteligencia” decía. A instancias de los mismos estudiantes que habían promovido su candidatura, viajó a la ciudad de Buenos Aires con el propósito de entrevistarse con el presidente Hipólito Yrigoyen, al que tenía pensado solicitarle la intervención de Córdoba para que hiciese respetar el resultado de las elecciones. No tuvo suerte. Fue recibido, sólo por curiosidad, por el ministro del Interior, que poca atención le prestó. La legislatura provincial terminó por rechazarle el diploma por incapacidad y por falta de decoro. Y así terminó su experiencia electoral.

Se fue a vivir a Santa Fe donde, seguramente para provocar en una provincia anti yrigoyenista, hizo campaña por el viejo líder radical. Se le perdió el rastro hasta el 15 de octubre de 1945 cuando presentó un hábeas corpus en favor del coronel Juan Domingo Perón, detenido en la isla Martín García. El juez Horacio Fox rechazó su pedido. Los peronistas, aliviados, aplaudieron la medida, ya que consideraban que hubiese sido un descrédito, conociendo la fama de Badessich.
Moriría en la localidad de Béccar, el 8 de agosto de 1961, a los 65 años.

La experiencia alerta que una broma puede transformarse en algo demasiado serio. Y solo me pregunto, si hay más bromas que aún no descubrimos…

Gentileza: Beatriz Genchi -beagenchi@hotmail.com 

Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.

 

 

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail