San Rafael, Mendoza viernes 22 de marzo de 2019

El Real Madrid se hunde por sus errores y la inacción del VAR

Real Madrid – Real Sociedad (0-2)

Es difícil decirle a un futbolista que ha ganado cuando su equipo pierde. Es lo que ocurre con el joven Vinicius, que se rebeló en mitad de una crisis estructural del Madrid, con sus mejores luces apagadas, el VAR de piedra y hasta la mala fortuna de su parte. Todo hay que merecerlo, también la suerte. El equipo que regresó del Mundialito a la realidad, asiste, impotente, al triunfo de sus vicios sobre sus virtudes para convertir partidos de puro calendario, estaciones de paso en la Liga, en desesperantes ‘thrillers’, incapaz de controlar la candencia de los acontecimientos. El cambio lo ejemplifica Marcelo, reducido a sus carencias.

El único que finge conservar la calma es Solari, como el pensador de Rodin en el banquillo. Pensar, hoy, no basta, porque el Madrid necesita estímulos que no responden únicamente a la razón, y frente a la Real Sociedad, sólo un chico de 18 años pareció descubrirlos. Tampoco quejarse, pese a un penalti catedralicio. Hasta la sala del VAR debería llegar un mensaje: «Houston, tenemos un problema». [Narración y estadísticas: 0-2]

Solari empezó por Vinicius y eso, vista su actuación y el caos final en que acabó el Madrid, fue su único acierto. Para empezar, creó una expectativa, algo que no es mala cosa en estos tiempos de escasez. La titularidad de Vinicius llevó el cosquilleo a la grada, aunque, en realidad, la decisión era como un puñal de doble filo. La oportunidad que significaba para el brasileño se tornaba en sentencia para Isco. Con Asensio roto, no; con Bale roto, tampoco. Definitivamente, hay algo en este jugador, quizás en este hombre, que no es del gusto del entrenador. El tiempo de arreglarlo se agota, y eso es un problema para el equipo y el club, puesto que Isco es también un activo valioso. Los minutos de los que dispuso el malagueño, mentalmente fuera del partido, no lo solucionaron.

Esa guerra, sin embargo, no es la guerra de Vinicius, que entendió muy bien dónde estaba la suya. Siempre en la portería contraria, a la cual no dejó de mirar durante todo el partido, con valentía. En este estadio eso siempre se aplaude. Hay ganas de Vinicius, tantas como hastío de otras cosas. Por ejemplo, los despistes defensivos que, últimamente, no se hacen esperar. Ni un minuto lo hicieron frente a la Real.La torpeza la cometió Casemiro, que necesita tiempo para encontrar su velocidad tras la lesión, pero el problema llegó por la banda de Marcelo. La interpretación defensiva de su puesto nunca fue su fuerte, la verdad, pero cuando está lejos de la mejor forma puede convertirse en un drama. Su lugar es, hoy, el talón de Aquiles del Madrid, sobre el que Solari debería actuar. Casemiro derribó a Merino en el área y Willian José lanzó el penalti por el centro para asegurar después de tres meses sin marcar.

Expulsión de Lucas y penalti no pitado a Vinicius

La respuesta a esta inesperada situación fue lenta pero con la suficiente consistencia para igualar el marcador por parte del Madrid. En buena parte, porque la Real prefirió especular y aguardar hasta soltarse con el intercambio de golpes en la segunda mitad, donde pudo ampliar el marcador mucho antes. Las ocasiones se sucedieron hasta convertir a Rulli en uno de los mejores del choque. Vinicius estuvo de una u otra forma en casi todas, fuera para ceder a Benzema, fallón, para replicar un remate de Varane y hasta para provocar un penalti que Munuera Montero no señaló. Rulli no alcanzó a tocar el balón en el derribo al brasileño, pero, incomprensiblemente, el VAR no entró a juzgar la acción. El respetable no lo entendió, caliente por la reciente expulsión de Lucas Vázquez, al que se le fue la pierna con una tarjeta encima.

A las sensaciones de impotencia por no alcanzar el gol, se sumaban otras que en nada contribuían a calmar la ansiedad del Madrid. Había hecho lo suficiente para no perder, pero cada gol es, hoy, como coronar un ‘ochomil’. El Madrid había sido insistente, pero no fluido en su juego, con Modric y Kroos espesos, y Benzema lejos de sus mejores instantes. Con tantas luces apagadas, avanza el equipo blanco como un mercancías.

En el primer día de Imanol en el banquillo, la Real encontró un premio inesperado. Se desplegó mejor de lo que se contuvo, por lo que pudo marcar más goles en la segunda mitad, con llegadas que encontraron siempre a Courtois hasta el remate final de Rubén Pardo, en un estadio que ya no sabe a quién pitar y para el que, a 10 puntos del líder, la esperanza tiene 18 años.

Fuente:https://www.elmundo.es/deportes/futbol/2019/01/06/5c325a0a21efa0786c8b469f.html

 

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