San Rafael, Mendoza martes 25 de junio de 2019

Beethoven con su “Pastoral” que no siempre fue florida-Por:.Beatriz Genchi

Las sinfonías Quinta y Sexta de Ludwig van Beethoven fueron estrenadas conjuntamente el 22 de diciembre de 1808, en el recién inaugurado “Theater an der Wien”, en una Viena ocupada por las tropas napoleónicas, entre pactos y rompimientos, desde el año 1805. La función –solo con obras de su autoría y a su beneficio– había sido organizada por el propio Beethoven a fin de asegurarse un balance positivo de ese año. A poco de cumplir cuarenta años y hostigado por la sordera que avanzaba irremisiblemente, Beethoven dirigió todas las obras y además tocó el piano.
El concierto, extremadamente largo, duró poco más de cuatro horas y se inició con la Sexta Sinfonía oída por primera vez. Un monumental programa, muy mal ejecutado por una orquesta que solo tenía un ensayo, debió ser escuchado además en un auditorio gélido, lo que terminó por fastidiar al público. Todo esto, recogido de escritos de un testigo del concierto, Johann Friedrich Reichardt, también compositor, nos ha dejado sus impresiones de aquella velada, a la que asistió invitado por el príncipe von Lobkowitz, mecenas de Beethoven: “Allí, en ese teatro frío y desapacible, nosotros, en nuestro palco, estábamos temblando, enfundados en bufandas y abrigos, presos del insoportable frío. Aun así, permanecimos desde las seis y media hasta las diez y media y descubrimos nuevamente que es muy fácil cansarse de lo bueno. Los cantantes y la orquesta habían sido reunidos casi al azar, y algunas de las piezas (todas erizadas de dificultades) no habían tenido ni siquiera un ensayo por parte de aquella turba. Primero vino una sinfonía pastoral, o reminiscencia de la vida del campo… Cada movimiento fue una pieza larga, perfectamente construida; el único problema es Gentileza: que fue más larga que el tiempo que nosotros nos podemos permitir para un concierto completo. “

La Sexta Sinfonía, llamada “Pastoral” por el mismo Beethoven, es una de sus pocas obras “programáticas”, o “descriptivas”, donde trata de traducir los sonidos de la tierra en una orquesta. Sin embargo, el compositor precisó que antes que describir cuadros naturalistas o mera imitación de sonidos de la naturaleza, con esta obra no pretendía otra cosa que evocar sentimientos: hay en ella “más emoción que descripción” señaló, y por esta razón, seguramente, es que la subtituló “Recuerdos de la vida campestre”. Beethoven fue un amante de la naturaleza, tanto es así, que pasaba gran parte de su tiempo caminando por el campo y frecuentemente abandonaba Viena para trabajar en localidades rurales.

Decía “Prefiero mil veces a los árboles que a cualquier persona”, en clara preferencia.

Creador de sinfonías, sonatas, misas, obras de cámara y una ópera, el músico alemán considerado uno de los compositores más geniales de la historia era ya, en ese momento muy considerado y tanto que el físico Albert Einstein por ejemplo decía: “Antes de Beethoven se escribía música para lo inmediato, a partir de Beethoven se escribió para la eternidad”.

Tuvo una vida caótica; se dice que murió durante una tormenta, como conectado con la naturaleza hasta su último momento, tal una metáfora a su existencia.

Gentileza:Beatriz Genchi
Museóloga-Gestora Cultural-Artista Plástica.
beagenchi@hotmail.com

 

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